19 de abril de 2006

o falar do mar



que ben sabes do falar do mar, ata parese que todo está na túa boca, ata parese que naciches na mesma ría atlántica



Miércoles, 23 de noviembre del 2005 - Crítica de El arco.

imposible resistirse a comentar "El arco" ("Hwal", 2005), el último film-alegoría del surcoreano Kim Ki-Duk. Si a la película no se le puede atribuir el calificativo de obra maestra, por ser esta una propuesta tan extremadamente personal que escapa de cualquier valoración según los cánones que marcan la evolución del arte cinematográfico, sí que se puede señalar con seguridad que estamos ante la culminación de los presupuestos temáticos y narrativos ofrecidos por el autor en los últimos de sus trabajos. Bien es verdad que el film también ofrece novedades. Desde su inicio nos sorprende el uso desinhibido del primer plano en la recreación en las fisionomías de los personajes para un ejercicio arriesgado de abstracción de sus herméticas expresiones gestuales. La cercanía, la familiaridad, con la que se nos presenta a los misteriosos protagonistas, un viejo marinero y su jovencísima y atractiva prometida, se reproduce en el ambiente en que desarrollan sus vidas, una geografía muy limitada formada por dos barcos anclados en alta mar, que establece, como en "Primavera, verano...", un universo cerrado, coherente, de significados, que a su vez determina un espacio exterior, desconocido, opuesto. Por otro lado, el erotismo, la sensualidad, o el impulso sexual se nos revelan esta vez como motores del comportamiento de los personajes, si bien esta sexualidad se introduce en una gradación que la confunde sutilmente con el amor y el afecto filial. El recurso a una poesía que impacta directamente al espectador, muestra de una apuesta clara por la simplicidad narrativa, se combina aquí con la primacía de una serie de símbolos o escenas alegóricas de mayor complejidad que, como con el arco que da título al film, destacan por la ambivalencia de significados que de ellos se desprenden. Hay, por último, un recurso desmesurado a una banda sonora extraordinaria, simple como el propio film, pero que evoluciona a su paso, tornándose más compleja y ambigua a medida que avanza el metraje. Es una banda sonora que, en su importancia, acaba convirtiéndose ella misma en símbolo, en un elemento de autoreferencia para el film, incluso, en el que quizás se pueda leer cierta voluntad del realizador por reexaminar y reafirmarse en los puntos de partida que definen su obra. Los puntos más negativos del film se encuentran en el recurso a la repetición de situaciones, un juego de variaciones que no resulta novedoso ni para el realizador ni para toda una tradición de cine asiático; en una serie de salidas de tono humorísticas del todo previsibles; y en unos subrayados, mal endémico del cine oriental, que por poco no pasan por poéticos. Por otro lado, y en cuanto a los puntos positivos, hay una extremación del gusto romántico del autor, que sabe explorar la espiritualidad que encierra el mundo del mar, tornando en bello lo feo, como ocurre con la nave medio desvencijada, y echando mano a soluciones formales que, como las siluetas a contraluz, son tan comunes como eficaces. Finalmente, se lleva a las últimas consecuencias algunos de los elementos presentados en su anterior película "Hierro 3", con, sobre todo, la exploración de un conjunto de emociones y reacciones que remiten a un universo primario, infantil, originario, también violento, de formas de comunicación. La temática del film, que recupera el tema del amor entendido como posesión, nos introduce nuevamente en la fundamental dicotomía entre lo tradicional y lo moderno, a través de una historia de amor que es también la de un padre y su hija, la de un mundo compartido que empieza a resquebrajarse.

as horas dende a fiestra. vistasII